CHILE
PORLALIBRE
LOS COLEGIOS DE LA CPC:
LA MÁQUINA DE HACER OBREROS BARATOS
por Javier Rebolledo –corresponsal de PORLALIBRE
en Chile-
14.10.05.-
En 1980 el Estado chileno le hizo un regalo a la Confederación
de la Producción y el Comercio (CPC): le entregó
cerca de 70 liceos de primer nivel para que los administrara
según su criterio. Como en esos años las relación
entre el fisco y las empresas era tan buena, el regalo vino
con yapa: un cheque anual que hoy bordea los 25 mil millones
de pesos.
La CPC repartió la torta; 5 liceos para la Sociedad de
Fomento Fabril (Sofofa), 11 para la Cámara Nacional de
Comercio, 11 para la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA),
5 para la Cámara de la Construcción, y el resto
para una decena de asociaciones empresariales. 25 años
después estos 70 liceos ya no son de primer nivel: son
verdaderas fábricas de obreros de baja calificación,
manejadas como pujantes empresas donde los jóvenes pagan
por trabajar.
En estos liceos las utilidades se maximizan y los costos se
bajan. La Sofofa, que recibe 2 mil 300 millones de pesos del
fisco por sus cinco establecimientos, invierte a penas un 0,5%
en infraestructura (13 millones). El grueso de la plata fiscal
(80%) se le va en remuneraciones; algo más grave ocurre
en la Cámara de Comercio de Concepción que recibe
2 mil 800 millones e invierte el 0,4% (11 millones), veinte
veces menos de lo que gastan en administrar sus cinco liceos.
Datos como estos están contenidos en el “Informe
de liceos corporativizados” emitido en 2005 por el Ministerio
de Educación. Se trata de una evaluación reservada,
que se hace año tras año y donde los empresarios
reprueban con tozudez.
“En el ministerio se estima que es muy bajo lo que invierten”,
dice una fuente de Educación que pide reserva de su identidad.
Agrega: “Debería ser, mínimo, un 10 por
ciento de lo que reciben del fisco”.
Pero no sólo hay poca inversión. En algunos casos
hay avivadas. En marzo de este año la Corporación
de Desarrollo Social de la IX Región –Corprix-,
afiliada a la Sofofa, fue descubierta por el Ministerio usando
el dinero fiscal para adquirir un piso entero de un edificio
en Temuco. La Corprix recibe mil 400 millones para manejar cuatro
liceos e invierte apenas 27 millones pesos en ellos. En la truculenta
operación inmobiliaria, sin embargo, gastó más
de 300 millones. Hoy los antecedentes están siendo investigados
por la Contraloría General de la República.
Según un consejero del ministerio, “cuando los
descubrimos, la Corprix ofreció cambiar el nombre de
la propiedad y entregársela a Educación. Pero
esto no va a ser tan fácil de solucionar”.
Avivadas de este tipo no son nuevas. A comienzos de los ‘90
la Cámara Nacional de Comercio, a través de su
corporación Funaela usó los recursos fiscales
para construir un edificio completo. El Consejo de Defensa del
Estado demandó a la Cámara por malversación
de fondos.
"Devolvieron hasta el último centavo. Para no perder
sus liceos, descabezaron la organización y le cambiaron
el nombre a su corporación educacional. Ahora se llama
Comeduc", señala una alta fuente ministerial.
Otro caso afecta hoy a la Corporación de Desarrollo Social
de Curicó -Corpride- que educa a más de 11 mil
alumnos. Pese a recibir anualmente 4 mil 700 millones, le debe
a sus profesores 150 millones de pesos en remuneraciones. Aunque
el Ministerio de Educación los ha presionado a pagar,
hasta ahora no ha pasado nada.
Hay que regalar. Este sistema excepcionalmente
beneficioso para los empresarios se gestó en las oficinas
de la Odeplan. Allí Miguel Kast y Ernesto Silva Bafalluy,
dieron los lineamientos centrales. Alfredo Prieto Bafalluy,
primo hermano de Ernesto, lo llevó adelante desde el
Ministerio de Educación.
Para que los empresarios contaran con todo tipo de libertades
los 70 liceos quedaron fuera de casi toda la normativa que se
aplica al resto de la educación municipalizada o particular
subvencionada. No se fijó un mínimo de inversión
ni un porcentaje para mantenimiento. De esta forma, el último
informe contable de Educación señala, por ejemplo
que la nombrada Corprix, destinó el 0,9% de sus fondos
totales a mantención y la Asociación de Metalúrgicos,
Asimet, apenas un 1,2%.
Los empresarios explican que la razón para invertir el
mínimo es que los liceos no son de ellos. "Existe
el temor a una expropiación del Estado y a que se pierda
la inversión hecha, señala Rodrigo Martino, secretario
ejecutivo de la Codesser, organización dependiente de
la Sociedad Nacional de Agricultura.
La explicación resulta singular: en 25 años de
administración el Ministerio no ha “expropiado”
más que en un caso: el de Corporación Privada
de Desarrollo Industrial –CPDI-, que tenía cuatro
liceos de Santiago. En 1982 la CPDI utilizó los fondos
del gobierno para fines distintos de la educación. Fue
disuelta y su gerente General, Luis Gandarillas, terminó
en Capuchinos.
Prieto Bafalluy tiene una idea para salir del impasse de falta
de inversión. “Para que los empresarios invirtieran
más, yo simplemente les entregaría los colegios.
Se los daría. Así de simple”, afirma. Prieto,
cabe destacar, asesoró a Lavín en su programa
presidencial.
No
estudies. Sin embargo, la poca inversión no
es el peor problema. Más grave es la convicción
de que los que estudian aquí están destinados
a trabajos de baja calificación. Un ejemplo es el liceo
Nora Vivians Molina, administrado por la Cámara de Comercio.
El 2004, sus alumnos alcanzaron un promedio de 450 puntos en
la PSU, 30 menos que lo que obtuvo el último inscrito
en la USACH.
A los directivos del Nora Vivians, sin embargo, esos magros
resultados no les preocupan. La universidad no es para sus alumnos.
Aquí se aprende a trabajar. Y los chicos lo tienen claro.
"Mi primo también estudió acá y le
hicieron problemas para que fuera a un preuniversitario. Le
decían, “¡Pero si acá tienes todo
lo que necesitas para trabajar, para qué quieres más!”
Yo pregunté y a mí me va a pasar lo mismo",
señala un estudiante del Nora Vivians.
Una situación similar se viven en el Liceo Politécnico
Pedro de Valdivia, dependiente de la corporación Textil
y Confección. El colegio funciona como una verdadera
empresa. Su director explica que año tras año
aumenta su producción y venta de prendas de vestir con
un objetivo claro: preparar a los alumnos para el mundo laboral.
Si tienen suerte irán a parar a empresas como Falabella
y Johnson, conglomerados que se encuentran detrás de
varios liceos politécnicos administrados por empresarios.
Por ahora trabajan sin recibir nada por lo que producen. Por
el contrario, estos alumnos pagan un arancel cercano a los 50
mil pesos por trabajar.
La legislación establece que estos cobros son opcionales.
Pero las corporaciones las transforman en obligatorias. Sólo
por nombrar dos ejemplos, la Comeduc y la Corpride cobran cerca
de 60 mil pesos por alumno, cuando los apoderados sólo
deberían pagar 3.500 pesos de matrícula.
En el Liceo Politécnico Pedro de Valdivia, ninguno de
los apoderados consultados por sabía que el dinero aportado
es electivo. El director del establecimiento lo aclara brillantemente:
"Al apoderado no se le dice que el cobro es optativo porque
estamos en Chile y si no nadie pagaría. Pero tampoco
se lo obliga".
Sin
derechos laborales.
El sistema de educación para el trabajo fue importado
desde Alemania donde lleva años funcionando con éxito.
Se lo conoce como “Educación Dual” y en esencia
busca entregar a los estudiantes herramientas concretas para
insertarse con éxito en el mundo laborar. Pero esto no
es Alemania. En 2003 la Codesser –que depende de la Sociedad
Nacional de Agricultura- fue descubierta por Impuestos Internos
comecializando lácteos, frutas y verduras sin pagar impuestos.
Todo había sido producido por sus estudiantes-trabajadores.
Con sus 11 colegios la Codesser obtiene ingresos por 2 mil 365
millones de pesos. Tras ser descubiertos por el SII, la Codesser
debió reintegrar el monto al fisco y pagar una multa
para poder seguir funcionando.
Hoy para muchas corporaciones la “Educación Dual”
ya no es sólo una forma de enseñar, sino una lucrativa
manera de producir, ahorrándose los salarios. Según
el estudio “Formación Dual: un desafío para
Chile” realizado en 2001 por el Departamento de Economía
la Universidad de Chile, “un 30% de los empresarios reconoce
tener en este sistema una fuente de mano de obra de bajo precio”.
Otro alto porcentaje señaló que el costo de mantener
a los alumnos dentro de las empresas se ve claramente saneado
con el servicio que prestan.
El gran beneficio para los jóvenes es que con este tipo
de educación su inserción laboral es más
alta. Sin embargo, sus ingresos siguen siendo bajos. Según
el estudio “Rentabilidad de la Educación Formal
En Chile” de María Soledad Arellano y Matías
Braun, un alumno de este sistema parte ganando poco más
del sueldo mínimo y le toma 27 años llegar a doblar
esa remuneración.
Peor aún: pese a que son entrenados para trabajar, desconocen
por completo sus derechos laborales. Un profesor de un colegio
de la Comeduc, explica que durante la dictadura se quitó
la obligación de que estos “tópicos”
fueran pasados como ramos y se los dejó como parte de
otras asignaturas. "No es lo mismo que tengas todo un año
de “derecho laboral”, donde puedes contextualizar
y darle un sentido a esa enseñanza, a que te lo pasen
como parte de el curso de administración", señala
el profesor.
Consultamos a alumnos de siete liceos empresariales y sólo
uno recordaba haber escuchado lo que eran sus derechos como
futuro trabajador. No tenían idea ni siquiera de lo que
era una negociación colectiva.
El mismo profesor de la Comeduc recuerda cuando él estudió
en uno de estos liceos que ahora son controlados por empresas.
Era un liceo top, prestigiado, y los derechos laborales eran
un tema central. “A nosotros, niños pobres, nos
visitaba un abogado para concientizarnos en áreas como
negociación colectiva y legislación laboral”,
dice. Y agrega: “ahora lo único que se hace es
bajarle el perfil a ese tema”.//PLL